15 nov. 2010

Hora de escribir, y despejar: historias del Día Mundial de la Diabetes

Escribía yo en 2011 después de los eventos conmemorativos del Día Mundial de la Diabetes. 

Conmemoramos el Día Mundial de la Diabetes,  los primeros años de la conmemoración seguía yo de forma pasiva el evento. Cumplía con mi trabajo, enviaba fotos, comentaba dos o tres sucesos y no más. Este año, el Día Mundial de la Diabetes fue como mi cumpleaños. Algo que NO quieres festejar porque tienes pocas razones para hacerlo pero que sin duda NO puedes dejar pasar.

En Mérida la situación fue tremendamente interesante y me costó muchas risas, abrazos, enojo y una que otra lágrima.

 La iluminación de edificios emblemáticos fue planeada y solicitada como cada año. Este año para mi sorpresa con diabetes la iluminación pasó de un evento para crear conciencia a un evento partidista que se sintió ofendido porque mi condición de vida lleva el azul como color de alma. 

Los eventos planeados, entregados y sufridos fueron utilizados por personas ajenas a la causa que cumplieron su trabajo según lo indicado pero que no vieron más allá de sus narices partidistas (si, también sus narices son partidistas). Durante los primeros minutos del evento me dediqué a criticar el logo mal empleado, el color ultrajado, los voceros repitiendo estadísticas vanas, pasadas sin razón de ser. Pero el día aún me tenía muchas sorpresas preparadas.

Qué grande fue mi sorpresa al encontrarme frente a frente con un niño de 12 años que conocí en una red social cuando tan solo tenía 10 y su familia tenía una computadora nueva. En algún momento dejé de saber de él pero me quedaba el recuerdo de un niño confundido y atemorizado por un diagnóstico no certero que se conectaba a internet buscando que alguien le dijera "no te preocupes, vas a estar bien". Con el tiempo creí que algo malo había pasado (yo fatalista) y poco a poco me fui olvidando hasta ayer que la vida me dio la cachetada con guante blanco y lo encontré frente a mi pidiendo información y una revista. A los pocos minutos nos reconocimos y llamamos por nuestros nombres "falsos de internet" y nos abrazamos y reímos.

Me di cuenta de que había iniciado el día olvidándome del propósito de la campaña mundial que no es otro sino ALZAR LA VOZ POR LA DIABETES. Y nadie salvo nosotros que vivimos con ella, que lloramos, que nos cansamos, que la odiamos aveces porque no es divertida, que nos preocupamos porque nuestros hijos tengan una infancia más feliz a la nuestra, que la pagamos, que la maldecimos podemos alzarla lo suficiente.

¿Si se cambiaron vidas? La mía cambia cada año, con cada glucosa, con cada día mundial, con cada niño, con cada video, con cada red social dedicada a la diabetes. No necesito del Día Mundial para cambiarla ni para tener ganas de cambiar la de alguien más. Está en mi naturaleza, está en mi diabetes.

Mi cumpleaños, o día mundialista me acerca a gente valiosa y valiente que de otra forma jamás habría conocido. Me acerca a la familia Ferrer que vive en Orlando y que son papás de un chico que se convertirá en el mejor beisbolista  con diabetes tipo 1, me acerca a Manny que vive en California, me acerca a Carola que vive en Bogotá y que anda en motocicleta y le gustan los tatuajes, me acerca a Juan que agradece cuando su hija le pidió que no muriera y que cuidara su diabetes, me acercó a Claudia en Argentina que se empodera por su esposo y por personas de la tercera edad que necesitan ayuda, a Luana en Brasil,  a Uli y Alina que demuestran que se puede viajar por el mundo en bicicleta y amar los paisajes con diabetes en la maleta y a tanta gente que no cabe en esta lista. Me acercó a la mamá de tres niños con diabetes que me da lecciones de paciencia y felicidad a pesar de las piedras en el camino. Me acercó a Sara que despierta cada madrugada pidiendo por su hijo y midiendo su glucosa. Me acercó a ti que me has dejado un recuerdo perene y una marca de por vida.

¿Alzar la voz? 

Pero se perdió ese mensaje en algún momento. Si lo pintan, no lo pintan, si se aprovechan del trabajo sabiendo o sin saber. Eso no importa. Lo que importa es que todos ellos llevaron una anécdota a casa que ayudará a que nosotros vivamos para siempre y para que la diabetes salga de las sombras.



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