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16 jun. 2014

Yo confieso....

Esta mañana muy decidida pensé "no voy a ver el fútbol" porque confieso: no me gusta el fútbol. Disfruto mucho ver el fútbol americano aunque no me gusta pero eso es porque mi hijo jugó un tiempo fútbol bandera y le encanta así que con frecuencia es algo que disfrutamos mucho en familia.

Entrada en confesiones decidí ponerme a hacer algo más práctico. Y ya saben. Siempre acabo en "diabetes" (o quejándome de algo). Pensé en recomendar a mis amigos varias lecturas de colegas blogueros y me encontré con que Marcelo y Mila estaban en "modalidad confesión". Debo "confesar" que nada me parece más saludable que hacer el ejercicio de vez en cuando y de hecho se los recomendaría a todos ustedes. Ser sinceros con nosotros mismos, encontrar soluciones, identificar oportunidades, vaya, se me ocurren muchas ventajas. Y para que no se queden confesando solos les presento mis horrendas confesiones. Claro que, espero que no me salgan tantas como a Marcelo. 

1. No llevo una bitácora. Enserio, lo he intentado todo. ¡Todo! he intentado las hojas, las libretas, los post-its, las manos mismas, algo en mi se niega a llevar una bitácora. Los últimos años he encontrado aplicaciones útiles y hoy utilizo Social Diabetes. ¿La verdad? la aplicación es buenísima, me parece fenomenal, pero  hay algo en mi que se niega a ingresar los datos. Supongo que tendré que trabajar en hacerlo un hábito. Eso si, cuando se acerca la fecha con el endócrino debo usar un día completo de mi vida para vaciar los resultados que el luego marcará con plumones de colores (amarillo para bajo, verde para normal y rojo para hiperglucemia).

2. Experimento con la gente: También es enserio. Alguna vez en algún post platiqué que cuando ingresé a la licenciatura nueva opté por tener "diabetes de clóset". A pesar de que jamás he hecho eso (hasta ahora) decidí quitarme ese papel y actuar como persona "sin diabetes". Al principio me molestaba mucho oír sobre diabetes en todos lados y no poder aplicar mi nunca ausente "fíjateeeeeeeeeee queeeeeeeeeeeeee" pero al final aprendí mucho y sobre todo pude ver con otros ojos y perspectivas. Entendí que es un  mundo que naturalmente discrimina al que se percibe distinto. Y que ser distinto otorga etiquetas. Que no es que la humanidad sea mala sino que la humanidad no puede saberlo todo y que si somos ignorantes en ciertos padecimientos cometeremos faltas graves sin querer. Supongo que este post es confesión y que ahora tendré que publicar lo que he ido descubriendo. Sepan que a pesar de todo jamás tuve que meterme a un baño a medir mi glucosa, la verdad es que (confieso) nunca nadie se da cuenta de esas cosas. 

3. No me gustan los dramas: Nop, me gusta hacerlos. Pero no me gusta leerlos. Me incomoda, me acongoja y sobre todo me enoja. No me gustan las entradas del tipo "amigos hoy me siento deprimido porque mi diabetes". Tampoco me gusta que en la escuela haya gente que use diferentes tipos de excusa y enfermedades para justificar sus faltas, sus malas notas y su vida en general. No me gusta que la gente tenga excusas para hacer las cosas. No  lo soporto. Vaya confesión ¿verdad? pero de verdad no lo soporto. Supongo que será porque rara vez he tenido una excusa para hacer algo. Y cuando definitivamente no quiero hacerlo (como una bitácora) lo digo y ya. Claro que, termino haciéndolo de todos modos jaja.

4. Debí haber sido médico: No sé qué pasó por mi cabeza cuando definitivamente debí haber estudiado medicina. Desconozco si lo hubiera logrado pero sin duda es algo que me gusta mucho. Confieso que mi abuelo intentó quitarme las ganas (el es patólogo en un hospital de oftalmología) y me invitó a un hospital de seguridad social a ver una operación de prótesis de cadera. Claro, el pensaba que yo sería cirujano ortopedista cuando en realidad me habría gustado ser endocrinóloga pero, me pareció fascinante. Todavía me acuerdo de los colores y los olores y eso fue hace más de 15 años. Admiro mucho a mis amigos médicos, a mis endócrinos tratantes y a los internistas que me rescataron  hace más de 20 años. Debí haber sido como ellos y ayudar a rescatar la vida de otros. 

5. No cambio la lanceta: Jamás, enserio. Aunque se quejen los novatos. Yo insisto en que no duele y que no es engorroso. No sé cada cuánto cambie la lanceta pero juro que no lo hago seguido. Sí, mis dedos no son lindos, están llenos de pequeñas costras y marcas pero....me gustan jajaja. Estoy segura de que nadie en el mundo cambia esa lanceta cuando debe.

Y ustedes ¿también ya están listos para confesarse?