1 sept. 2016

De niño a adulto con diabetes tipo 1. Cuando lo intenso se convierte en hirviente.

Quienes fuimos diagnosticados con diabetes tipo 1 en edades muy tempranas tuvimos la fortuna, no dejes de leer, escribí fortuna justificadamente, de tener padres preocupados, ocupados, motivados y apresurados en hacerse cargo de nuestra vida. Claro, es la labor de los pilares de la familia pero, cuando se trata de diabetes tipo 1 en casa (y apuesto que funciona similar en otras condiciones crónicas) mamá y papá se apoderan de la vida y manejo de la vida de uno. Por supuesto que no se pone en tela de juicio la razón y yo personalmente (olvidándome un poco mi formación académica como psicóloga) aplaudo a aquellos papás policías de la diabetes enteramente ocupados del cuidado de esa "cosa" que llegó para instalarse. Hay métodos y formas de hacerlo como hay número de personas e individuos distintos en el mundo. No hay un libro con las recetas mágicas  ni los pasos a seguir desafortunadamente. 

Y así algunos crecimos sabiendo que "no pasa nada, es diabetes tipo 1" pensando que en verdad no era tan grave. Lo grave ciertamente lo cargaban nuestros padres. Hoy en mi papel de madre lo entiendo. Cuando aveces digo "calma, todo va a estar bien" con voz firme y decidida  mi hijo cree que así será aunque en realidad me hubiera encantado quizá decir "con un demonio esto es un desmadre ¡corre!". 

No podemos correr ni huir de lo que nos toca en la vida y hacer frente es labor titánica y que requiere entereza emocional. Afortunados los que viven con condiciones crónicas y que son lo suficientemente "rudos" para agarrar al toro por los cuernos con todo y trabajo, escuela, vida social, jeans apretados y otras cosas vanales que trae la vida consigo. 

Envejecemos, y al llegar a una edad en la que ansiamos ser independientes comenzamos a desprendernos de todo lo que una vez nos hizo sentir metafóricamente "encadenados".  Este es un escenario habitual pero.... ¿y si además de querer explorar el mundo uno solo debe voltear y pedir permiso para llevar consigo su cuidado?.

Veo en la práctica clínica padres de familia que hacen un esplendoroso trabajo involucrando por completo a los niños con diabetes tipo 1 en su cuidado. Pero aún así los veo caer de cabeza emocionalmente al llegar la vida adulta pues la diabetes era menos "simpática" de lo que sus padres les hacían creer. Y no, no me refiero al manejo mismo sino al cúmulo emocional y cansancio mental que vivir con una condición crónica implica. Eso, desafortunadamente nadie lo enseña, nadie lo prepara y preferimos como padres vivir el momento que preparar a alguien para un escenario adulto complejo. "No te preocupes, todo va a estar bien".

Para mi, la diabetes tipo 1 se comporta como una enfermedad compleja. Si bien las políticas de uso de lenguaje me hacen con frecuencia denominarle "condición" el cansancio mental que aveces se lee en lo que escribo me hace replantear las palabras que elijo. Es una enfermedad y de pronto es inevitable sentirse enfermo. Por supuesto que no me resta habilidad en ninguna de las áreas en las que me desempeño pero debemos aprender a reconocer el cansancio físico que implica la carga emocional de estas condiciones. Como padres es nuestro trabajo. Como personas con diabetes tipo 1 es nuestro trabajo aprender a reconocernos enojados, tristes, agobiados, preocupados y mentalmente CANSADOS. 

Cansarse de todo es válido. Cansarse de la diabetes tipo 1 también. Eso no hará que desaparezca pero es válido. Sentirse "enfermo" de vez en cuando también está bien.

Si eres papá o mamá debes delegar no solo tareas sino emociones en el entendido de proteger a los hijos pero quizá armarlo con las habilidades y destrezas emocionales que necesitará cuando tu ya no estés a cargo sea más valioso. Mientras tanto "no te preocupes, todo va a estar bien".



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