Los niños también se estresan, identifiquemos y tratemos.


Imagínate que eres un adulto en formación y que te estás enfrentando a cosas que no conocías como las responsabilidades, la tarea, la escuela, los amigos, presiones de diferentes tipos. Las fuentes de estrés en un niño son diversas y pueden ser causa de cosas para ti insignificantes como la escuela hasta cosas complejas como bullying y otros temas elaborados que no trataremos hoy. Imagínate si además de estos estresores naturales agregamos algo como el manejo de una condición como la diabetes tipo 1. ¿Complejo? Muy complejo. 

¿Asimilación? ¿Existe esa palabra?
Los niños van asimilando lo que se presenta de forma distinta a como hacemos nosotros los adultos. Algunas cosas podrán asimilarlas y tratarlas de inmediato pero pueden percibir otros escenarios como una amenaza hacia su persona, su familia o la forma en la que viven. El sentimiento de bienestar general corre peligro. Esto es parte misma del proceso de crecer pero....si la diabetes tipo 1 se ve como una amenaza la cosa no parece tan sencilla ¿cierto?


Como siempre he comentado, el temperamento de cada niño es distinto, tan distinto como hay número de personas distintas en el mundo y cada individuo tiene una forma muy particular de lidiar con el estrés. Algunas formas por supuesto resultan patológicas pero en general los humanos respondemos bien ante el estrés y nuestro organismo sabio tiene formas diversas de responder ante él a nivel fisiológico.  

Lo más importante es que los niños que tienen un sentido más claro de competencia personal, que se sienten amados y apoyados son los que responden mejor ante eventos de estrés. Sí, también ante la diabetes tipo 1 con su horrenda máscara al inicio. Irónicamente, los padres de familia piensan que los niños en edad escolar no están al tanto de los distintos factores de estrés y crisis familiar y que son "inmunes". Diría mi abuela en palabras mundanas "los niños están con un ojo al gato y otro al garabato" queriendo esto decir que POR SUPUESTO QUE SE ENTERAN. 

Debes saber que los niños son muy sensibles ante cualquier cambio en su entorno, especialmente a los sentimientos, gestos, ademanes y reacciones de sus padres a pesar de que no se les comunique todo el estrés verbalmente. 

Todo con medida, hasta el estrés
Antes de que te preocupes y salgas corriendo a buscar el teléfono para llamar a alguno de mis colegas psicólogos no todo el estrés es malo. El estrés dosificado, osea, en pequeñas cantidades como por ejemplo el estrés al que somete el coach de fútbol americano a mi hijo en todos los entrenamientos no nos quita el sueño sino más bien lo motiva para seguir dando su máximo en cada entrenamiento. Si bien reconocemos que no es ni el más rápido y mucho menos el más pesado vemos en él las ganas de sobresalir y de convertirse en el mejor. Las situaciones como esta en las que se aprende a manejar el estrés nos dan  habilidades para afrontar otros tipos de estrés en el futuro.

Ahora bien, el estrés durante mucho tiempo, continuo y sobre todo importante tiene un precio. Y este precio puede verse en nuestra salud no sólo física sino emocional. Dolor de cabeza, presión arterial elevada y otros. Recuerda que el estrés libera adrenalina y cortisol y que estas tienen un efecto total y absolutamente contrario al de la insulina por lo que si estamos muy estresados veremos como resultado niveles elevados de glucosa en sangre. Este es otro tema pero pensé que te interesaría saber. 

Hoy no voy a darte consejos para manejar el estrés porque esta publicación larga me está estresando considerablemente pero prometo en la siguiente entrega traerte algunos consejos si identificas que en casa hay un peque (o más) estresados. 




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