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13 ene. 2016

A tiempo, por favor que sea a tiempo

Hoy te voy a platicar una historia que pocas veces se cuenta. De esas historias que aveces se escriben entre líneas pero que prefieren quedar ahí. Hace muchos años (cifra que intentaré evitar para no avergonzar a la protagonista de esta historia) ella vivía como cualquier niño de su edad. Quizá era más inquieta pero gozaba igualmente los momentos de tranquilidad para sentarse a abrir un libro o simplemente jugar a los piratas. Sí, ella por las tardes era un pirata y volteaba una pequeña mesa de madera para luego colocar un parche en un ojo y "aaaaaargh" transformarse en un valiente pirata.

Su hermano menor, siempre atento también se unía a la aventura y juntos cruzaban mares imaginados y vencían bestias abominables. 



Un día ella se sintió muy cansada. Tan pero tan cansada que no hubo más piratas. Tan cansada que no hubo libros por semanas. Los padres, preocupados acudieron al pediatra "debe ser una infección en vías urinarias, aquí un antibiótico" el decía muy seguro. Y ella, siguió cansada. Un par de días más tarde el cansancio se acompañó por mucha sed. Era tanta esa sed que tenía que arrastrarse hasta una llave y acomodarse debajo. No había forma de saciarla.  Y claro, esos días no hubo piratas. No, tampoco hubo libros. Un día más tarde las ganas de ir al baño eran tales que no había tregua. "Pero claro, decía el pediatra, es por tanta agua" insistía seguro. 

Los padres preocupados no dejaban de estar al pie del cañón. Un día, ella estuvo tan cansada que no pudo abrir los ojos. Y entonces mamá y papá salieron disparados a visitar nuevamente a ese pediatra. "¡Es apendicitis!" dijo el muy seguro. "¡Al hospital más cercano!" insistió. Y toda la familia salió corriendo.

De cuando arribaron ella ya no se acuerda. Cayó en un profundo sueño. Un sueño que duró muchos días en los que otra vez era pirata, en el que otra vez había libros, y unicornios y canciones acompañadas de abrazos y mimos.

"No sabemos de qué se trata", dijeron por un momento hasta que un joven doctor se dio cuenta de algo "hay un olor frutal, hagamos una prueba de glucosa". 

Los padres habían ya recibido noticias poco gratas. No era apendicitis ni infección en vías urinarias si de algo estaban seguros. Pero ella seguía en un profundo sueño y su vida pendía de un muy pequeño hilo "con su permiso, quiero hacer una prueba de glucosa en sangre". No explicó más pero procedió y el resultado fue DIABETES TIPO 1. 

Aún en contra de los monstruos más abominables ella regresó del profundo sueño. A pesar de luchar contra las más altas mareas hoy ella sigue aquí. A pesar de las malas noticias y la poca explicación sobre una nueva forma de vivir ella encontró la manera. 

No siempre la historia tiene un final feliz. No siempre hay alguien que se da cuenta de algún detalle que no se encuentra en una lista. No siempre se tiene la posibilidad de correr.

No permitamos que los diagnósticos lleguen tarde. No permitamos nunca que los niños dejen de jugar a ser piratas.

Ayúdanos hoy a compartir esta sintomatología. Nunca lo sabrás pero seguramente en algún lugar alguien lea lo que tu compartes y ayude a que otra personita siga jugando a los piratas y soñando con libros llenos de colores.

Algunos de los síntomas de diabetes tipo 1. 

- Mucha sed (polidipsia)
- Mucha hambre (polifagia)
- Orinar frecuentemente, incluso mojar la cama por las noches (poliuria)
- Letargo, demasiado cansancio, fatiga, dormir más horas de lo normal
- Visión borrosa

La cetoacidosis diabética es una condición muy seria normalmente se presenta durante el diagnóstico.

Los síntomas son:
- Aliento con olor a frutas
- Dolor abdominal fuerte (puede confundirse con otras cosas)
- Resequedad de la piel y aveces enrojecimiento
- Confusión (mucha, en ocasiones la persona pierde la conciencia y cae en estado de coma)
- Respiración agitada (conocida como respiración Kussmaul)
Ayúdanos a ayudar, esta vez te lo pedimos a nombre de los niños.