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1 jul. 2016

Carta a las mamás de los niños SIN diabetes tipo 1

Hace poco, en una de mis charlas en mi práctica clínica mi paciente favorito y yo platicamos sobre los eventos en la escuela. Y es que no se en tu escuela pero en la mía cada evento estaba lleno de dulces, fritangas y boings de sabores. Uno creería que luego de ver las tasas de obesidad en le país eso habría cambiado pero la verdad es que las piñatas existirán por siempre y que es más barato llenarlas de porquería que de naranjas. En la escuela de mi paciente favorito se acostumbra llevar pizza, pastel y refresco el día del cumpleaños de alguno de los compañeros. Si me detuviera aquí a hacer la sumatoria en calorías y carbohidratos igualaría a lo que como en toda la semana. No, no son alimentos saludables incluso para quien NO viva con diabetes de ningún tipo. 

Pero prohibir como ya hemos platicado no es opción. Yo pensaría que no podría ser tan complejo hablar con las mamás de los pequeños e invitarlas amablemente a preparar algo menos impactante en términos de glucosa "¿qué te parece si yo pongo la botana?" y aparecerte con tazones de jícama con chile o zanahorias deliciosamente cubiertas de chilito piquín  no me parece descabellado. "¡Me ofrezco a llevar las bebidas!" y aparecer con una caja llena de agua natural tampoco me parece insensato. 

La verdad es que el mundo me impacta y no funciona así. He escuchado esta historia millones de veces en todos los tipos de escuelas de México y ahora ya no me sorprende. Me sorprendemos nosotros mismos que no somos empáticos y no entendemos NADA de la vida ni hacemos el más mínimo intento por aprender. Hoy me acuerdo y me pongo de malas, es inevitable ¿sabes? Así que hice una carta.

Querida mamá del niño que NO vive con diabetes:

Muchas gracias por la invitación a la fiesta de tu hijo. Tanto mi pequeño como nosotros sus padres nos sentimos muy felices de que haya sido tomado en cuenta. Quiero platicar contigo lo que ha pasado en los últimos cumpleaños esperando que quizá al leer mis líneas puedas ponerte algunos minutos en mi lugar y tal vez, si te sientes con ánimo te acerques a mi a darme algún consejo entre amigas.

Mi hijo vive con diabetes tipo 1. Esta es una condición autoinmune. No sabemos cómo ni por qué razón se presentó en nuestras vidas pero lo hemos aceptado y hemos así dado la bienvenida a un nuevo ritmo de vida, a un compañero de por vida, a un motivo para estar alerta de manera constante. Sí, ha sido tremendamente complicado, especialmente para mi que soy su mamá porque nada me duele más que verlo confundido y triste.  Este tipo de diabetes no tiene relación con nuestros hábitos como familia ni con los alimentos que hemos llevado a nuestra mesa todos estos años. Simplemente apareció. Como aparece un resfriado sólo que esta no desaparece. 

Para nosotros resulta complicado manejar algunas situaciones que para ti son normales. ¡Para nosotros también lo fueron alguna vez! Y nos entristece darnos cuenta de lo mucho que no sabíamos y de que creímos hacer siempre bien por mi pequeño cuando en realidad no hacíamos lo correcto. 

¿Es mucho pedir que en lugar de refrescos azucarados los pequeños tomen agua natural? Claro, me dirás, es cumpleaños de mi hijo, a él le gusta el refresco de colores muy endulzado, de ese que pinta la ropa. Si no hubiera ese refresco seguramente tu hijo diría algo como "ash, no hay refresco" y se dirigiría de cualquier manera al juego más cercano y luego buscaría a sus amigos. ¿Sabes qué pasaría con nosotros si optáramos por ese refresco? 

Mi hijo tendría una abrupta elevación en sus niveles de glucosa en sangre. Subirían tanto que tendría que beber mucho líquido pues empezaría a deshidratarse por las frecuentes micciones. Se sentiría tan pero tan cansado que no podría jugar con sus amigos. Se sentiría confundido. Y nos veríamos en la necesidad de inyectarlo una vez más y de tenerlo sentado junto a nosotros para vigilar que esa cifra volviera a la normalidad. Pasaríamos una tarde llena de cuidados, teniéndolo a él bajo una lupa de cuidado y atención médica. Nos miraríamos el uno al otro culpándonos discretamente por haber hecho un mal cálculo entre carbohidratos e insulina. Él estaría muy enojado pues no querría perderse de la fiesta y querría comer más dulces. Tendríamos que alzar la voz y luego en la noche mi esposo y yo agarrarnos de las manos y pensar "¿qué estamos haciendo mal?".

¿Es mucho pedir? ¿De verdad es mucho pedir?  Por favor pídeme ayuda, nada me gustará más que llevar el agua para los niños. No, no te estoy pidiendo que elimines los dulces de la piñata pero tu un día antes del festejo debes comprarlos. Yo varios días antes debo planear una estrategia para que mi hijo no se sienta distinto una vez más y pueda comer aunque sea uno mientras rie contando chistes con los otros niños.

No es mi intención que esta carta sea un drama. No nos gusta el drama, hemos aceptado lo que nos tocó vivir de manera positiva. Sabemos que al final, las cosas estarán bien. Espero que por dos minutos seas yo y que al final de este texto sientas que puedes hacer algo unos segundos para hacer a alguien reir por horas abrazado de sus compañeros.

Atentamente
La mamá del niño con diabetes tipo 1