12 sept. 2017

¡Me voy a comer un pastel!

Cuando fui diagnosticada con diabetes, hace muchos pero muchos años. No sólo carecíamos de los adelantos tecnológicos que existen  hoy día para el manejo de la diabetes tipo 1. En México, tristemente, carecíamos de Educación en Diabetes formal. Por supuesto que había grandiosos grupos de apoyo y campamentos de verano pero, la educación en diabetes consistía en enseñar habilidades para realizar acciones y reportar. Pocas veces se nos enseñaba la correcta toma de decisiones y mucho menos el análisis de data. Más triste es darse cuenta de que en muchos lugares seguimos trabajando así. En aquél entonces poco se sabía de conteo de carbohidratos y nos eran entregadas unas listas con porciones fijas para manejo de equivalentes. Además, las insulinas que empleábamos (y que igual, tristemente se siguen usando en muchos lugares) no permitían flexibilidad en nuestra alimentación. 

En ese entonces sí que había prohibiciones y en mi caso, al carecer sentido de "futuro y largo plazo" eso de "no comer demasiados dulces porque las complicaciones" era lo mismo que repetir mil veces tres tristes tigres. Si bien en casa teníamos una mamá policía siempre vigilante no faltó cuando ella corrió al baño para yo salir disparada a meter mi cuchara al pastel (o al flan o morder la dona). Y quien me ha leído sabe lo mucho que me gustan las galletas, donas y cupcakes. ¡De verdad que me gustan! 
Pero entonces al llegar a la consulta y encontrar dos o tres cifras realmente elevadas la pregunta inmediata era "buenoo y qué comiste o qué hiciste?

Para empezar acordarse de lo que uno hizo, dijo y comió en una fecha específica de hace más de dos meses  a una hora en una hoja es tremendamente complicado. Disculpen amigos médicos pero, por favor no hagan ya esa pregunta porque enserio pocas veces lo recordaremos. Ahora bien, imaginemos que si nos acordamos "bueno, pues (niño que no aprendió a decir mentiras) comí pastel, no pude aguantarme" y entonces veíamos una cara de absoluta desaprobación con un número que evaluó nuestro comportamiento con un gran, gran TACHE. ¡Qué sentimiento tan más espeluznante cuando uno es niño sentirse un TACHE! 

Y entonces pasaron los años y nos hicimos viejos y claro, la ciencia avanzó. Desafortunadamente nos dimos cuenta de lo falso que fue eso de "tan solo tendremos que esperar 5 años" y seguimos sin ser curados pero vivimos bien. Y de pronto un día llega la tecnología que facilita nuestra toma de decisiones y nos encontramos con que a pesar de "poder" meter la cuchara a pastel no lo haremos porque nos da miedo. ¿A dónde vas Mariana se preguntarán?

Papás yo se que esto no es divertido, si lo sabré yo que no es divertido. Pero, convertirnos en prohibitivos  por la razón que sea no evitará que nosotros individuos querramos explorar el mundo (y la comida, y los pasteles y los cupcakes). Enseñar el efecto que tendrá esto en los niveles de glucosa sin que suene a película de monstruos es siempre agradecido y muy útil. Aprender tras la experimentación una y otra vez a manejar niveles de glucosa para convertirnos en expertos es muy útil. Acérquense con sus médicos ¡no teman decir la verda!

Doctor ¡quiero probar un pastel! 


Lo peor que puede decir es que el doctor haga cara de "niño TACHE" pero si sabe que de todos modos lo haremos quizá si es lo suficientemente empático nos ayude a trazar un plan para, probarlo, porqué no en la fiesta navideña de la escuela.

Trabajemos en equipo. No tengamos miedo de cosas como los alimentos. Tengamos miedo de lo que puede pasar si no los hacemos nuestros amigos.


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