Había una vez, una cetoacidosis diabética. - ¡Dulcesitos para mi!
Había una vez, una cetoacidosis diabética.

Había una vez, una cetoacidosis diabética.

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Hace muchos pero muchos años mi vida cambió de un momento para otro. La verdad es que siempre que me preguntan confieso que recuerdo poco y creo también que con los años he decidido ir olvidando partes y sacar provecho de otras. 

En los años 80, en mi país se sabía muy poco sobre diabetes tipo 1. Ya existía una asociación que quedaba tremendamente lejos de mi casa y a donde no quise asistir demasiadas veces pues las charlas que hablaban sobre "complicaciones" me parecían, a esa edad aterradoras. Hoy en día las complicaciones de la diabetes y de cualquier otra condición me parecen aterradoras pero he aprendido a trabajar y actuar con el miedo para retrasar lo más posible su aparición. Sí, estoy consciente de lo que "crónico" y "degenerativo" significa y justamente es por eso que jamás bajo la guardia.


En aquel entonces visitábamos regularmente al pediatra. Mi hermano, que era como el hermano de muchos, atravancado era experto en caer de cabeza de los árboles, abrirse la boca jugando fut y meter la mano cuando alguien cerraba una puerta. Sí, visitábamos al pediatra con mucha frecuencia y mi mamá, que siempre ha sido exagerada nos llevaba un par de días antes de la vacuna a la vacuna. 

Ese pediatra era simpático y fue el único que vimos mi hermano y yo desde que nacimos. Mi mamá tenía la posibilidad de llamar por teléfono si nos dolía algo aunque francamente fuimos niños poco quejumbrosos. Mis papás confiaban enteramente en su consejo como experto al cuidado de mi salud. ENTERAMENTE. 

De lo vago que es mi recuerdo no creo que la diabetes tipo 1 haya llegado "de pronto y sin aviso" a mi casa. Tenía ya, varios días sintiéndome muy cansada. Recuerdo me dolía el cuerpo y mis papás me decían que seguramente eran dolores propios de la edad, que cuando los huesitos y músculos están en formación aveces se siente algo de dolor. Me dolía la cabeza pero sospechábamos que tendría que ir de visita con el abuelo (que es oftalmólogo) y que requeriría lentes como mi papá. 

Fuimos de visita al pediatra no una sino MUCHAS veces. Indicó un tratamiento para infecciones diversas: en vías respiratorias, en vias urinarias pero yo francamente me seguía sintiendo mal. 

Un día desperté por la sed intensa. Siempre llegué al baño, no mojé la cama pero vivíamos en aquel entonces en un departamento pequeño y me acomodé en un silloncito cerca de la puerta del baño para entrar y salir. Tenía un vaso gigantesco con agua junto a mi y mi mamá, preocupada porque no me deshidratara me pedía que bebiera agua cada vez que pasaba junto a mi. Tomé y tomé agua. Cada vez que entraba al baño la sed era tan intensa que literalmente metía mi cabeza a la llave del agua para dar un sorbo. 

Mis papás por supuesto alarmados puesto que yo ya no era dueña de mi cuerpo y mucho menos pensamiento decidieron llevarme una vez más con el pediatra.

Ahora él, seguro de si mismo indicó que seguramente se trataba de apendicitis pues yo tenía ya respiración muy agitada y un dolor abdominal impresionante. De eso si que me acuerdo.

Mis padres algo angustiados y dándose evidente cuenta de que el pediatra amigo en el que confiábamos enteramente no tenía ni la menor idea de lo que pasaba conmigo decidieron llevarme al Hospital Infantil Privado que también, estaba lejos de casa.

Ahí fuimos a dar. Recuerdo que me pusieron suero y que aunque me dolió bastante como para llorar (todavía lo hago cuando me lo han puesto) no me dio la fuerza para ni siquiera decir "auch". Recuerdo que me quitaron la pijama y me pusieron una batita blanca y de pronto....

De pronto caí en un largo muy largo sueño. Dice la leyenda que caí en estado de coma. Dice la leyenda, una leyenda de la que además se habla poco en mi casa que fui llevada a Terapia Intensiva donde las noticias no eran las más alentadoras. 

Tristemente no tengo recuerdos de ese sueño profundo. Digo tristemente porque algunas personas tienen sueños interesantes y revelaciones. Yo simplemente estaba dormida y seguramente mi cuerpo esperaba volver pues en casa siempre fui muy cuidada, consentida (casi estropeada) y llena de amor alrededor. 

Recuerdo entonces que tuve de nuevo mucha sed y desperté para descubrir que estaba quién sabe dónde con quién sabe qué conectado a mi cuerpo. Abrí los ojos y vi a mi abuelo sentado en un sillón quien en lugar de saludarme salió de un brinco imagino por mis padres. Luego vi a un grupo bastante grande de enfermeras, médicos y otros y claro, ninguno llevaba agua.

Que distinto hubiera sido todo eso hoy en día. Seguramente alguien me habría dicho algo como "no mameees casi te muereeeees" y alguien me habría mandado cientos de whatsapps "que pedo, por qué no contestas". Seguramente también habría yo buscado antes de llegar a la terapia intensiva el precio de esa gracia y mi sintomatología en internet. Segurísimamente habría llegado al médico con preguntas pendejas como "oiga, vi en el internet que....será que tengo....".

Mi historia tuvo un final feliz. No es la historia de muchos y no es la historia común en México. Los niños que no son diagnosticados oportunamente mueren. Mueren porque todavía no somos capaces de tomarnos dos minutos para compartir una información que puede salvar vidas. 

Si esta hoja hubiera estado en la oficina de mi pediatra hace miles de años yo no hubiera caído en coma. Yo no estaría leyendo diario noticias de niños, adolescentes y adultos perdiendo la vida por cetoacidosis diabética. Seríamos más en México, los suficientes para crear una estadística.

No creas que estás excento. No creas que tus hijos, tus sobrinos y tus alumnos están excentos. No sabemos ni podemos decirte a quién ni por qué pueda darle diabetes tipo 1 pero podemos asegurarte de que querrás conocer la sintomatología para evitar sustos y cuentas más grandes. 

Tómate un minuto, ese es tiempo suficiente para compartir los síntomas de advertencia de la diabetes tipo 1. Salva la vida de alguien. Ayuda en la detección oportuna de otro alguien. Aprende algo hoy que podría salvar la vida de tus hijos mañana. 




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