Del burnout del burnout y las historias tristes


La diabetes ha cobrado un precio elevado en mi salud emocional. Como persona lo veo, y claro, como psicólogo me identifico perfectamente bien cuando estoy a punto de tener una de esas "semanas". Yo no uso las palabras crisis. Seguramente porque no me las he permitido jamás y con frecuencia me pregunto si de pronto podría sentirme mejor si tuviera una crisis de esas que con frecuencia veo donde uno simplemente se queda en su cama, cierra los ojos, piensa en lo complejo de su vida y luego se recupera para continuar. No, yo nunca he tenido una de esas. 

En mi vida adulta jamás he reclamado vivir con una condición crónica. Jamás la he utilizado como pretexto para hacer absolutamente NADA salvo comer demasiado o beber demasiado empleando esto como un pretexto a mi favor. 

Jamás falté al trabajo por algo relacionado con mi condición de vida. Jamás falté a la escuela por esa causa. Jamás lloré más de 5 minutos por no entender qué cosa hice mal que la cifra no salió como yo esperaba. Lloré, eso si, horas antes de mi primera inyección yo sola. ¡Eso si que lo hice! pero al final logré hacerlo sola y desde entonces no requerí mayor ayuda. 

Mi diabetes es como mi cabello. Rebelde. Haga lo que haga para cuidarlo siempre me recordará que no es lacio, como me gustaría, sino chino y rebelde. Logro peinarlo en una trenza perfecta con un cepillo especial. Pero al final del día, me recuerda que es chino. Así mi diabetes. Está amarrada en una trenza perfecta que me tardé años en aprender a tejer pero al final del día ella decide asomarse. Me recuerda siempre que está presente. 

Pero, ¿quién pensaría que trabajar en "diabetes" también ocuparía tiempo que habitualmente sería para mi y solo mi "diabetes"?

Claro, leemos por ahí que la diabetes es una misión de 24x7 pero, si eres profesionista, eres mamá y además tienes que voltear a ver hacia otros lados hay que ser tremendamente organizado. Sí, definitivamente tiene un costo emocional.

En las últimas semanas una parte de mi trabajo ha consistido en revisar la traducción de algunas notas que lejos de alegrarme me dejan con un sentimiento enorme de impotencia y tristeza. No puedo entender cómo es que todavía quienes no viven con diabetes de cerca no se han sumado para compartir lo que pudiera salvar la vida de alguien.

A veces se rumora que no tengo sentimientos pero, si esta nota, por ejemplo, no te deja a ti, como a mi, con un sentimiento inifinito de tristeza y burnout es que el mundo está más dañado de lo que yo pensaba. 

Generalmente mis textos son sarcásticos, llenos de risa, donde intento que te des cuenta que vivir con diabetes no tiene porqué ser trágico. Que mi vida es muy feliz y que la tuya puede serlo. Que tu hijo o hija con diabetes puede tener una vida absolutamente plena, feliz, divertida e inigualable. Pero hoy necesito que voltees, que te sumes, que desde tu lugar de trabajo te conviertas en agente de cambio. Que leas para que esto NO vuelva a repetirse.





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