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Niños con capas

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Información de diabetes por personas con diabetes

¡Bienvenido! Ya sea que vivas con diabetes Tipo 1 o seas el cuidador de una persona con diabetes Tipo 1 seguro llegaste buscando información de la vida para aplicar ¡en la vida misma! Mi nombre es Mariana. Soy Licenciada en Psicología y Educadora en Diabetes. Además soy mamá de un adolescente y me gustan los libros y los perros. Ah, olvidaba, también vivo con diabetes Tipo 1 desde hace muchos años. La información que comparto aquí contigo no reemplaza el consejo médico formal. Pero estoy segura de que te invitará a platicar con tu equipo al cuidado de la diabetes. Si no encuentras lo que buscabas por favor escríbeme y prometo prepara algo para ti.

 
 
  • Mariana Gómez

De comprenderlo cuando seamos madres

Actualizado: 9 de may de 2019


"Ya lo comprenderás cuando seas madre" decía muchas veces mi madre. Sí, es inevitable reconocer que tuve una adolescencia absolutamente complicada. ¿Por vivir con diabetes? Definitivamente no, por tener urgencia por descubrir cosas, enamorarme, caerme de cabeza, romperme, rearmarme, salir al mundo, tal vez como adolescente promedio. "Ya comprenderás cuando seas madre" y claro yo pensaba "¡Bah! no comprenderé nada" ¡Cuánta razón tuve y cuánta razón tenía ella! 


"Lo hago porque te amo" ¿Qué cosa era eso? Yo no lo entendía, sigo sin entenderlo. Cuando somos diagnosticados con diabetes Tipo 1 muy pequeños de pronto, de buenas a primeras tenemos que experimentar cosas que como niño son parte de tus más horrendas pesadillas. No, no miento, pregúntenle a cualquier niño en la calle si prefiere jugar o una vacuna. Yo era de esas niñas. Miedosa muy miedosa, sobre todo de las vacunas, inyecciones y todo lo que se le pareciera. Claro que, mis papás siempre responsables no dejaban pasar ni un solo día para cumplir con el sello requerido en las cartillas de vacunación. Pero luego, cual fue mi sorpresa, desperté un día y fui informada que tendría que inyectarme todos y cada uno de los días y no solo una sino múltiples veces al día.


"¿Qué, qué? ¿Inyectarme yo? ¿Sola? ¡ni loca! esa es labor del pediatra, o de la enfermera, no mía" pensaba y sí también gritaba. 


Mi madre rápidamente adoptó la labor de la inyección. Desconozco si en casa se habrán echado un chin-chan-pu o un volado para saber si le tocaba a mi madre o a mi padre pero, ella fue la galardonada con la tarea de torturar a la creatura todas las mañanas. Sí, al inicio así se percibe. No, no siempre, algunos niños son más enteros emocinalmente que otros, yo, francamente en ese aspecto jamás he sido brillante. 


Al paso del tiempo se decidió, con ayuda de un profesional de la salud emocional a quien sigo maldiciendo muchos años después, que la labor debía pasar a manos del afectado: o sea yo. Pero, siempre he sido firme, me has leído y quiero pensar que sabes que es difícil hacerme cambiar de opinión. Bueno, siempre fue así y decidí que NO, ESO NO SUCEDERÍA. 


Entonces me explicaron, con una calma absoluta que mi vida dependería de ello a lo que yo respondía "no me importa" y que si no lo hacía correría peligro y no saldría jamás a jugar "ya dije que no me importa" repetía una vez tras otra.


Claro, si me preguntan a mi esta historia es espeluznante pero, nadie se la ha preguntado a mi madre. Yo no entendía largos plazos, mucho menos complicaciones y consecuencias. Ella las comprendía como las comprendo yo hoy que soy madre. No, yo no entendía cómo mi mamá quería lastimarme. Y cómo mi papá que normalmente era el que no regañaba estaba de acuerdo con ese escenario de terror absoluto. ¿Por qué mi mamá quería inyectarme y pincharme y luego obligarme a que yo hiciera tales abominaciones? ¡Eso no hacía sentido!

Menos sentido hacía que ella, estuviera firme y decidida y me mirara sin dudar dando instrucción y orden firme para que yo hiciera eso. No, no hacía sentido. 


Pobre de mi madre siempre dispuesta a aguantar mis groserías de niña confundida. 

"Ya lo entenderás cuando seas madre" repetía una vez tras otra. 

No ma, todavía no lo comprendo. No comprendo cómo es que fuimos hechas las madres con tal fuerza y entereza para aguantar los dolores más grandes de la vida, los descalabros más tristes, limpiar rápido las lágrimas y dar instrucción clara y firme. Todavía no lo comprendo pero lo hago. Porque también amo y ahora también porque yo te amo a ti. 





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