• Mariana Gómez

De los personajes en mi vida: El Dr. Patiño.

El diagnóstico de mi diabetes tipo 1 es un capítulo tremendamente borroso en mi memoria. Si le preguntaran a una psicóloga con la que tuve la poca fortuna de compartir cuarto hace muchos muchos años diría que fue un intento desesperado por borrar esa información de mi cabeza. Si me preguntan a mi, es más bien que han pasado tantos años que de pronto hay cosas que se me olvidan.


Cuando desperté lo primero que pensé fue en cuánta sed tenía. De verdad que tenía mucha, pero mucha sed. Luego me di cuenta de que no estaba en casa, el cuarto en el que estaba olía a manzanas y no tenía puesta mi ropa sino una bata rara que además tenía una apertura....justo ahí. En mi trasero. Luego me di cuenta de que había una cantidad infinita de cables en mis brazos que después supe eran llamados "suero".


En cuanto abrí los ojos mi abuelo, que estaba ahí sentado Dios sepa por qué, salió disparado, o quizá eso interpreté (o quise inconscientemente) a buscar a alguien. Cuando llegaron los médicos inmediatamente pedí algo de tomar y me dieron una bolita de algodón para que remojara mis labios. Obvio eso no iba a quitarme la sed por lo que pedí que llamaran a mi mamá. Claro, ¡ella siempre solucionaba absolutamente todo!


De si me explicaron que vivía o no con una condición crónica degenerativa si que no me acuerdo. Me imagino que me impresionó mucho saber el tema de las inyecciones diarias así que no presté más atención al resto de la información provista y, francamente se esperaría que uno se sintiera tremendamente mal luego de estar en coma como para que alguien ose dar una explicación de importancia suprema ¿no?


Tengo entendido que vimos a varios médicos de los cuales no tengo ni medio recuerdo. De quien si me acuerdo es del Dr. Rigoberto Patiño Lemus. Él era médico militar. Mis padres no tenían ninguna relación con el hospital militar pero seguramente encontró tal desesperación en la cara de mis padres que aceptó verme de vez en cuando. Desconozco si los médicos militares puedan hacer o no eso y, francamente no me importa, pero él lo hizo. Al principio visitábamos su casa al menos cada semana. A mi me parecía tremendamente aburrido así que salía yo al jardín y me subía a sus columpios. Al poco tiempo conocí a sus hijos y prefería, quién no iba a preferir, salir con ellos a los columpios a estar sentada en un salón.




Yo no se, no tengo idea de cómo ni donde haya estudiado el Dr. Patiño que casi inmediatamente tras mi diagnóstico nos habló de hidratos de carbono. Claro que no hacíamos un conteo preciso ni exacto pero nos explicó sobre porciones y alimentos que juntarían y sumarían 15 gramos de hidratos de carbono. Poco tiempo más tarde aprendimos a leer las pocas etiquetas nutrimentales (casi siempre en dulces que compraba una de mis tías en un super gigantesco) y aprendí muy a mi conveniencia a contar 15 gramos de hidratos de carbono en lunetas M&M's.


El Dr. Patiño invitó a mis papás a leer desde el día 1 y les entregó, entre muchas otras cosas unos libros que para aquél entonces eran joyas del saber. Nos explicó con calma la importancia de monitoreo de glucosa (en aquél entonces en orina) y nos enseñó a llevar un registro detallado (en aquél entonces una hoja sin ningún chiste).


Lo visitamos por años hasta que tuvo algún problema de salud. Desconozco si habrá fallecido o no. Él dejó instrucciones de referirme con otro médico de quien también tengo muchos grandes recuerdos y de quien en otro episodio les contaré. Dudo mucho que Patiño supiera lo mucho que fue su oportuna (y muy seria porque yo no se qué pasa con esos médicos militares que no abrazan niños ja, ja) intervención. Ojalá alguno de sus hijos haya elegido ser médico. Tuvieron al mejor y más grande de los maestros en su casa.


Estés donde estés muchas gracias.


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